Movidas

Jorge Nájar y Su Visión Desesperanzada en Hotel Universo

El poeta nos recuerda que el ser verdaderamente religioso puede, o debe, prescindir de la macrocéfala superstición, de las macrocefálicas creencias de toda índole. A ésto añade la constatación: el mundo, aunque aspire a la paz, no es la paz.
El mundo es la guerra, y no cualquiera.

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Quisiera, de un solo vistazo detallista y panorámico, aprehender el mensaje de belleza propuesto, con renovado brío, por el poeta de Hotel Universo. Pero no. Rápido me doy cuenta de la amplitud del registro, me doy cuenta de que la lectura puede ser mútiple, como si necesitara serlo para expresar la unidad del libro, la unidad con su aspecto compacto y prismático.

Hay, en Hotel Universo, un respirar convulso y sereno, una voz muy honda y familiar, un soplo de tifón, de tornado, de huracán, y una paz inmutable. La exquisitez del lenguaje que lo expresa nos recuerda que podemos dejar hablar al viento, como en esa visión del poeta errante entre iglesias de pueblo que evocan antiguos templos, antiguos dioses. Por momentos, la voz del poeta se yergue y se hace oir como un canto al mundo, a las galaxias y al cosmos –« Toda poesía verdadera es cósmica » ha escrito Artaud–, al margen de cualquier creencia, al margen de cualquier libro sagrado, al margen de cualquier forma de superstición. Seguimos adentrándonos en la selva fragorosa a golpe de machete, llegamos a las ruinas de una antigua civilización, donde nos detiene la contundencia de la palabra « usura »; de modo semejante, en diversas partes del libro, una sola palabra es capaz de trazar una línea de fuerza; a partir de ese eje, el poema no puede debilitarse ni caer, al contrario.

Digamos que uno puede estar a salvo de los estragos de la historia, pero no de la guerra que se opera en nosotros mismos; digamos que es preciso enfrentar a esos mares de lava que arrastran los dioses y las creencias; así descubriremos, de nuevo, el desconsuelo, el desasosiego, la desesperación, pero también todo lo contrario; así sentiremos, de nuevo, el carácter efímero y cambiante de los seres y hasta de las cosas, pero también todo lo contrario. Seguimos avanzando, retrocediendo, de nuevo avanzando, de nuevo descubrimos la preponderancia de la naturaleza. Ahora reaparece el individuo, solo y despojado, frente a los elementos, de nuevo frente al rumor del verano, ese aspecto mágico de las estaciones. Es como si en esos instantes de desgracia o de privilegio, de dicha o de desasosiego, el poeta testigo de su tiempo experimentara la sensación de derrelicto, de barco a la deriva que ha encallado en la arena, como el ser abandonado por el Ser. Así, lanza pedradas verbales contra los nuevos mastodontes, los reactores nucleares. Esta visión desesperanzada, de alta preocupación ecológica, parece decir: nadie escapará al raso nivelador de la ciencia, de la modernidad propuesta por la ciencia. Después siguen otros periplos, y volvemos al impulso solar.

En este territorio impregnado de olores agradables, de platos diversos, de ingredientes, de guisos, de cielo y sol, todo cocinado al fuego lento de la poesía, percibo la fuerza del ejecutante, la porfía, el tesón, el esmero creciente: una concepción irreductible de la poesía como acto vital. Hotel Universo es otra cúspide en la infatigable labor creativa de Jorge Nájar.

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Acerca del autor

Miguel Rodriguez Liñan

Narrador y poeta, cursó estudios de Literatura en la Universidad Central de Venezuela (Caracas) y en la Universidad de Provenza (Francia). Actualmente reside en Aix-en-Provence. En poesía, su libro más reciente es Calcinación (2013). Su novela La leyenda del padre ha sido traducida al francés y publicada en el año 2011. Su novela Eva nibelunga está en proceso de traducción.

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