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¿Por qué tenemos políticos tan malos?

Nancy Arellano
Escrito por Nancy Arellano
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Por @nancyarellano

La política es básicamente un proceso comunicativo. Si nos remontamos al concepto más básico, la política es el arte de obtener y mantener el poder.  El poder es, a su vez, la capacidad de persuadir a los muchos para que adopten un comportamiento deseado. Bien puede ser por la vía de la fuerza (apelativo al miedo) en las expresiones autoritarias o por medio de la comunicación efectiva en democracia. Ya que en ella, se procura la adhesión al liderazgo de un proyecto político.

La democracia hoy enfrenta un problema serio de liderazgo, tanto como de proyectos políticos.

No porque no haya suficientes personas con aspiraciones de liderazgo, sino por la falta de preparación de equipos que logren articular proyectos políticos bajo ese liderazgo. No hay, aparentemente, acciones comunicativas que adhieran suficiente gente (votantes) para empoderar al lider en torno al diseño y aplicación de políticas públicas deseables.

Vemos caer los índices de aceptación de los políticos al poco tiempo de ganar las elecciones. ¿Por qué? ¿Acaso cambian radicalmente una vez ocupan el cargo para el que fueron elegidos? No. Definitivamente no.

Si tuviésemos que identificar cinco debilidades serían:

  1. Las campañas trabajan la simple emoción de la “oferta electoral” en lugar de la “oferta de valor político”.

    La gestión de carrera política o “branding de liderazgo”es esencial. Como si de “un producto” se tratase, la campaña política ofrece un candidato que enarbola una emoción/simpatía que, por definición, es temporal. La excitación del primer “enamoramiento” en la adrenalina de la afrenta de los comicios y la noción de “grupo” que se da en un comando de campaña, fácil de perder apenas se pasa de la lucha “por el puesto” a la lucha “por el poder” desde el poder. No se trabaja la emoción/empatía que es más duradera en el tiempo.

  2. La imagen política se trabaja por mero contraste.

    Encontramos más votos por anti-el-otro-candidato que pro- una propuesta de liderazgo. Lo cual la hace débil cuando no hay contraste cercano. (Se acaba la campaña y se acaba el “yo soy mejor que el otro”) ahora el político se mide por sí mismo, y con base al cumplimiento de “lo prometido”.

  3. No hay proyecto político sino políticas dispersas.

    Sin lograr la adhesión política la tolerancia de los grupos de interés en la sociedad es baja. Producto de una campaña llena de ofertas dispersas que apelan a la “esperanza ciega” la pérdida de confianza del electorado, es una realidad. Sobre todo ante la expectativa de tiempos para la solución efectiva de sus demandas.

  4. La adhesión al proyecto político es débil.

    Se falla cuando no hay una comprensión real o involucramiento de liderazgos secundarios. Estos son brazos que endosan la confianza en lo que debe ser la aplicabilidad del proyecto político. Los electores, ya simplemente ciudadanos, se sienten defraudados por la inoperancia y lejanía del liderazgo, al sentir que son clientes que no han encontrado solución a sus demandas. Han sido utilizados.

  5. No se trabajan canales continuos de comunicación política.

    Los medios de comunicación lejos de servir para propiciar una comunicación política clara, a falta de estrategia de los políticos en poder o en campaña son amplificador de crisis. Se vuelven eco de las insatisfacciones ciudadanas. Si el gobierno no trabaja canales directos de crítica y comunicación, el espacio se llena de ruido inútil al sistema.

¿Hasta dónde los políticos son solo malos?

¿o simplemente carecen de las herramientas para viabilizar su papel en la política como escenario y como resultado?  No descartamos que hay políticos deplorables, como los hay contadores, abogados o médicos.

Pero lo cierto es que, cuando el buen político no desarrolla una estrategia de comunicación política efectiva, se olvida de la política misma. Se pierde el sentido del “hecho político básico” que es la interacción entre representantes y representados. La relación sirve para operar sobre un escenario (territorio) en un tiempo (periodo), con un costo (presupuesto) y con un resultado (Políticas públicas) o no sirve.

Lo que trae consigo la conformidad de la ciudadanía (gobernabilidad) y el mantenimiento o profundización del poder político (o su debilitamiento) es la comunicación política.

Pasa de un posible buen político a otro político malo más…

¿Quieres conocer más sobre este tema?

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Acerca del autor

Nancy Arellano

Nancy Arellano

Directora General de EME La Revista.
Consultor en Branding & Comunicación Política. MsC en Gestión y Gobierno para America Latina, Especialista en Finanzas Internacionales, Lic. en Estudios Liberales con Diplomado en Política Internacional y Escritura Creativa. Bloggera, curiosa lectora, fanática del café y de los gadgets.

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