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¿Seguro que empezaste con buen pie tu #campaña? por @nancyarellano

Nancy Arellano
Escrito por Nancy Arellano
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Sí, las campañas políticas cuestan mucho, Y más cuando se pierden.

En estos momentos por todo el Perú están arrancando las campañas electorales. Los candidatos van armando sus publicidades: foto, nombre del candidato, logo del partido, cargo y slogan.  Montan locales de campaña, comités de base, hacen polos, gorros y regalan souvenirs. Es un viaje alucinante por las fórmulas manidas aplicadas en un escenario de alta desconfianza y decepción.

¿Funcionan estas viejas fórmulas?

Para hacer publicidad sí, para propiciar la agitación que legitime la propaganda, no. ¿El lado positivo? Las empresas dedicadas a la creación de adminículos electorales, las de paneles, las de medios y las imprentas empiezan a mover ese aspecto de las campañas: la economía electoral. Interesante para dinamizar indicadores, triste para los que invierten en hacer una campaña política perdedora.

Las herramientas publicitarias tienen el efecto necesario de dar a conocer, pero no necesariamente logran crear la relevancia que posiciona. Tampoco logra el escenario propicio para crear la “noción de grupo” (el nosotros) que permite el proceso de agitación (inconformidad con el status quo o stablishment) de paso al liderazgo que encarna el candidato con sus propuestas (la propaganda) y que busca incidir en “la forma de pensar” del electorado.

El proceso de agitación, propaganda y publicidad es retroalimentativo. Todos se apoyan en lo mediático (lo publicitario), lo que cambia es el contenido.  Es decir, la publicidad se alimenta de la agitación y la propaganda.

¿Pero cómo selecciono o perfilo la agitación?

He aquí el mayor de los fallos de la mayoría de las campañas; se saltan el primer paso: la investigación.  Frente a un electorado cada vez más complejo en sus relaciones, más expuesto a la publicidad comercial, a la farándula y a las redes sociales, en medio de la apatía hacia los asuntos políticos; encontramos el reto de lograr un proceso de agitación segmentado pero contundente.

No podemos hablar todo el tiempo de la misma forma, comunicar el mismo nivel de profundidad, tampoco podemos apelar a los mismos estímulos. El electorado ya no es una masa uniforme que responde mayoritariamente igual, sino conglomerados que requieren de estrategias atomizadas para causar mayor intensidad en las respuestas grupales que se suman a un eje central o promesa base (mensaje paraguas).

Esto solo se puede lograr por dos vías: a) teniendo partidos políticos fuertes, orgánicos y neuronales, que tengan relaciones continuas y profundas con la sociedad por grupos de interés o b) con investigación cualitativa por grupos de interés sobre los temas/ liderazgos que atraen, los que condicionan y los que podrían importar; así mismo la investigación cuantitativa que valida la relevancia temática, la efectividad de mensaje y el posicionamiento de nuestro candidato. Como sabemos, no hay partidos o movimientos fuertes que sirvan de puente a la sociedad actual. Pero una buena campaña, de seguro permite empoderarlo.

En esta situación, la construcción de relaciones desde un punto muerto debe hacerse de forma organizada, sistemática y verosímil. El reto entonces es lograr no sólo saber lo que se necesita saber, sino además articular una campaña coherente que luego brinde piso de acción (gobernabilidad).

Es necesario empezar por el candidato.

Trabajar el perfil de liderazgo del candidato con herramientas como el perfil psicopolítico, el media training, la oratoria contemporánea y el perfil de redes sociales (reputación digital) para hacerlo verosímil con los grupos de interés a los que quiere liderar al conquistar. Sin candidato no hay campaña.

Pero una campaña coherente es efectiva. Por ello es organizada, funcional y medible. Las campañas efectivas tienen tres características básicas: 1) Un Comando de Campaña con perfiles capacitados y tareas claras. 2) Control sobre el costo del voto y el mapeo electoral (relación de gasto de campaña, con adhesiones al proyecto político) y 3) Una planificación consistente con las dinámicas sociales, el manejo de las amenazas, la coyuntura y el mapeo territorial.

Un candidato coherente y una campaña verosímil, logran la incidencia necesaria para echar adelante una estrategia de financiamiento. Recordemos que la campaña más barata, es la más efectiva.

 En el próximo artículo hablaré de cómo determinar la relevancia de las acciones de campaña; y los perfiles necesarios en el comando.

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Acerca del autor

Nancy Arellano

Nancy Arellano

Directora General de EME La Revista.
Consultor en Branding & Comunicación Política. MsC en Gestión y Gobierno para America Latina, Especialista en Finanzas Internacionales, Lic. en Estudios Liberales con Diplomado en Política Internacional y Escritura Creativa. Bloggera, curiosa lectora, fanática del café y de los gadgets.

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