Medioambiente

Selva Desangrada: Oleoducto Norperuano En Emergencia

Elizabeth Zea
Escrito por Elizabeth Zea
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El Perú es un país históricamente minero, pero es dependiente de las exportaciones de petróleo. En el 2015 el Perú experimentó una importante caída en la producción de hidrocarburos líquidos, un 13,5% menos que los 63,5 millones de barriles del año 2014, siendo el petróleo un recurso muy importante que mueve no solo la macroeconomía de nuestro país, sino que además su aprovechamiento y explotación sostenible contribuye al desarrollo de las regiones y comunidades aledañas a los centros petroleros. Sin embargo, el oleoducto, aquel por donde se extrae el crudo de nuestra selva, está sangrando petróleo.

Los últimos derrames, que datan de enero de este año, tiñeron el río Chiriaco en Bagua, la quebrada Uchichiango, Morona, y el río Nieva afluente del río Marañón, entre otros. Desde entonces, cerca de 10000 barriles de petróleo se derramaron en nuestra selva, afectando flora, fauna y la salud de los pobladores de las comunidades aledañas. Frente a este hecho, resultado de la ausencia de mantenimiento por más de dieciséis años, el Organismo Supervisor de la Inversión en Energía y Minería (Osinergmin) decidió cerrar el oleoducto, y posteriormente Petroperú, de propia cuenta, decidió reiniciar el bombeo para aliviar presión de refinería de Iquitos y Lote 8, sin aprobación de Osinergmin, causando un nuevo derrame, sin que hasta este momento se haya asumido la responsabilidad de los sectores involucrados.

Debemos entender las implicancias sociales pero también económicas de tal medida. ¿Es acaso el cierre del oleoducto la mejor medida a tomar? Si esta medida se sigue manteniendo para evitar que el crudo residual se evacue, entonces la refinería de Iquitos, principal beneficiario de la venta, deberá ingeniárselas para almacenarlo, caso contrario la producción de los lotes 67, 162 y 8 deberán parar. Esto significaría millones de dólares de pérdida del canon minero de Loreto y Ucayali.

Y entonces, ¿qué hacer frente a esto? ¿Dejamos que la selva se siga sangrando, afectando la vida y el medio ambiente? Petroperú tiene todos sus esfuerzos puestos en la modernización de la refinería de Talara, por lo que pensar en concesionar su mantenimiento a un operador privada viene siendo hoy en día la mejor opción. Sin embargo, hay algo que un mantenimiento adecuado, de aquí para adelante, no va a solucionar, y es la situación en que deja a las comunidades afectadas por los derrames.

Supuestamente ante la negligencia cometida, Petroperú debería haber ejecutado un plan de contingencias que para remediar los daños producidos, así como atender a la población, incluso pagando una compensación. Para esto se requiere la actuación rápida del Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA), la misma que debe exigir y supervisar la remediación inmediata. En este caso, está por demás comprobada la conducta negligente de Petroperú al no obedecer el mandato de cierre temporal de Osinergmin. A estas alturas, es de suponer que las actividades de remediación se han emprendido, ¿o es que Petroperú ya se acostumbró a las denuncias penales por daño ambiental, y que estas se pierdan en el tiempo? La salud y la vida de los pobladores afectados no pueden esperar.

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